Agustín, mi padre

Jonás me ha mandado por un mail un texto que ha extraido del periódico El Dia.
Es tan estremecedor como tierno. Para pensar.

Agustín, mi padre
HOY LE ESCRIBO A MI PADRE. No podrá leerme porque es analfabeto. No importa. Se lo debo. Tiene 74 años y le amo, pero nunca he sabido demostrárselo. Reservé todos mis besos para mamá, sin entender, durante años, que aquel hombre serio, de mirada perdida, esperaba detrás de la puerta un gesto de cariño, un apretón de manos, un simple “te quiero”. Sí, es cierto, he tardado media vida para darme cuenta de que sigo siendo su hijo favorito. Y yo, un mal “bicho”. Un mal agradecido.
Hoy repaso mi niñez. Miro el álbum de fotos. Me veo abrazado a mamá. Una fotografía sí y otra también. Papá está al fondo. Es curioso, en muchas imágenes me está mirando. Lo hace desde la distancia. Detrás. Sin darme cuenta. Sonrío cuando pienso lo madrero que era. Nunca doy la vuelta para verlo, pero él está. Ahora sí le veo. Pasa el tiempo, los años. Me convierto, porque sí, en un adolescente digamos que “inteligente”, pillo, listo. Mi nivel “cultural” me separa de mi padre. No está en casa, trabaja mucho para dar el “pan” a una manada de cinco hijos. La falta de contacto nos desune aún más.
No hay disculpas. No las tengo. Voy creciendo. En la veintena tampoco le hago caso. Soy rebelde, inmaduro y no logro abrirle mi corazón. Cuando llego de “marcha”, mamá me espera. Lo hace despierta. Nunca me regaña. Sólo pregunta si estoy bien. Me pone la leche y me manda a la cama. No veo a mi padre. Pensaba que él dormía, que estaba en un mundo donde yo no podía entrar. Éramos tan distintos que nunca pensaba, ¡qué idiota era!, que todo lo que tenía era gracias a él. No valoré que yo andaba con tenis Nike mientras papá usaba chancletas. Que mi camisa era Adidas porque la suya ya estaba para jubilar. Que de sus “costillas”, de su esfuerzo físico, salía toda mi comida, mis caprichos y mis ilusiones.
Sí, Don Agustín, es cierto, le estoy pidiendo perdón. Antes que sea tarde, muy tarde, le suplico que me perdone. Ya lo sé todo. Me esperabas siempre despierto. Mamá, ella me lo ha dicho, salía a la puerta y luego, en la cama, la interrogabas. Quizás me haya ayudado ser padre, que Ylenia me llame “papá”, pero sea como sea prometo leerte esta columna al oído y luego te abrazaré. Quiero que me veas llorar.

*Redactor de EL DÍA

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Efrén Morales posted at 2007-2-7 Category: Relatos y Reflexiones | Tags: ,

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  1. #1Ana @ 2007-2-8 08:17

    Tengo los ojos arrasados en lágrimas. Ahora, que por vicisitudes de la vida mi familia está convulsionada me siento más unida a ellos que nunca y descubro en este texto cosas que me remueven por dentro, que me hacen descubrir que la vida pasa y pocas veces tenemos la oportunidad de corregir los errores, estos errores terribles que son pagar el amor con ingratitud y despego. Lo que ha pasado ha pasado, por suerte a mi me queda mucho amor que recibir y confío en saber agradecerlo como debo. Estas lágrimas son de las que riegan buenas semillas. Gracias.

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