No dije nada en todo el trayecto. Entre la prisa porque ya llegaba tarde y las mil cosas que tenia en la cabeza solo atiné a dar unas automatizadas y standarizadas “buenas tardes” para luego decir mi destino.

Sólo me fijé en su gorra. Era de estas típicas medio boina medio gorra (nunca he sabido como se llaman). Ultimamente he pensado en comprarme una, así a lo Simon y Garfunkel,
ya saben. Segundos más tarde mi mirada se perdía ante el mundo que la ventana de mi derecha me mostraba como si fuera un televisor… y yo pegado ante él.

No recuerdo muy bien cuál fue su expresión pero era de cabreo ante un chico que habia cruzado corriendo la calle para meterse en un coche que estaba en doble fila.
Supe que esperaba que dijera algo porque durante un momento me miró por el espejo retrovisor interior. O quizás buscando algun indicio de que podía iniciar una conversación,
la típica, pensé, sobre las incomodidades y el poco respeto de la conducción en ciudad.
Vamos, la misma conversación que todos hemos mantenido en demasiadas ocasiones.

No sucedió nada. No me apetecía decir nada y no dije nada. Simplemente me dejé llevar de nuevo ante las cosas que pasaban en la calle. La gente caminando, los coches pasando, las mamás con sus bebés, los… por el rabillo del ojo le vi mirándome… no le hize mucho caso hasta que le sentí de nuevo ansioso. Estábamos parados en un cruce y el coche delante nuestro dejaba pasar a uno y otro sin continuar su marcha.
Le noté molesto. Digo algo en voz baja. Al rato seguimos.

Lo que me hizo pensar fue la siguiente parada de nuevo en una intersección. Lo mejor era pararse en el semáforo de atrás por si al detenerse la cola nos quedábamos en mitad de la cola y eso podia impedir el paso. Exactamente como sucedió.

Los coches pasaban y alguno miraba de mala leche. La reacción de nuestro amigo era nula. Como si la historia no fuera con él. Cuántas veces pensé, no hacemos lo mismo con nuestras cosas. Como si el mundo estuviese ahí para nuestro exclusivo uso y disfrute, ignorando que no somos más que pobladores de una aldea colectiva, y que encima es prestada. Nos molestamos, nos sentimos ofendidos… yo prefiero mirar por la ventana, y cuando pueda ir caminando a los sitios.

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