El amor es una segunda oportunidad
Nuestra forma de ser y de desenvolvernos en el mundo atrae y nos acerca a un tipo de relación afectiva. A su vez, nuestra pareja se convierte en “profesor” ayudándonos a cambiar o moldear nuestros estilos afectivos, aprendidos desde la infancia.
(Leido en “El amor que nos cura” de Boris Cyrulnik)
La fuerza que orienta el curso de las cosas en un sentido u otro es una conciliación de los estilos afectivos, un conjunto de fuerzas históricas y paraverbales que organiza la forma en que la pareja se mantiene unida. La vida conyugal que se organiza de este modo ofrece una posibilidad de reorganización afectiva en la que cada miembro de la pareja influye en el otro para bien o para mal.
Una pareja segura permite que se aprenda un vínculo seguro mal adquirido anteriormente, lo que explica la posibilidad de resiliencia que abre el amor. También desde el punto de vista biológico, la relación amorosa concede una posibilidad de metamorfosis o de cambio de dirección.
La intensidad emocional y las secreciones hormonales ejercen sobre el cerebro un efecto que posibilita una nueva apertura de sinapsis, el establecimiento de vías neurológicas que no formaban antes parte de ningún circuito. Se dan todas las condiciones para facilitar una segunda
impronta.
Después de haber sido marcado por su entorno precoz, que le ha enseñado un estilo afectivo, la relación amorosa concede al joven (o ella) una segunda oportunidad, una posibilidad de modificar las representaciones negativas de sí mismo que haya adquirido en el transcurso de su infancia, dándole incluso la posibilidad de dejar de ser un delincuente mediante la implicación en un nuevo tipo de socialización.
De lo que aquí se trata, mucho más que de una transición, es de un verdadero punto de inflexión existencial, a veces incluso de una metamorfosis en la que lo biológico, lo afectivo y lo social se conjugan para doblar ese cabo con mejor o peor fortuna.
(…) Al crear nuevos periodos sensibles, el sujeto adquiere nuevas improntas y éstas modifican su estilo afectivo. Estos puntos de inflexión permiten el aprendizaje de capacidades relacionales inesperadas e instauran una forma diferente de paladear el mundo. ¡ Un estilo afectivo nos ha encaminado hacia un tipo de encuentro amoroso y éste, a su vez, ha modificado el estilo afectivo !
