La imagen de Dios vengativo
Quien lee el Antiguo Testamento “a la ligera” (esto es, descontextualizando y sin formación previa) se soprenderá de ver en algunos pasajes a un Dios colérico y vengativo. Hoy les traigo este texto que he extraido de la Biblia Católica para Jóvenes (Ed. Verbo Divino) y que espero les sirva para adentrarse en el tema.
(…)
La imagen de Dios, que ordena acciones violentas para vengarse y castigar a las naciones enemigas de Israel, es frecuente en los libros históricos y en algunos profetas como Nahum, Abdías, Habacuc y Sofonías (…)
¿Acaso Dios es distinto en el Antiguo y el Nuevo Testamento? ¿Estaban estos profetas equivocados o reflejan el verdadero rostro de Dios? ¡ Estas preguntas son importantes !
Hay que recordar que Dios se revela poco a poco, y que esos profetas aún no habían recibido la revelación plena de Dios. Otros profetas nos ayudan a comprender que Dios ama a todas las naciones y que no quiere ningun tipo de violencia, pero será Jesús el que revele sin equívoco el amor universal de Dios

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AMEN, AMEN, AMEN, VIVA DIOS Y CRISTO REY, Ramon gracias poco a poco voy apreciendo mas mi fe con estos comentarios.
El pecado es la miseria mayor del hombre y la creación. Nuestra miseria es el pecado y por eso el hombre al ser pecador, es también considerado como miserable. Pero hay una distinción muy importante entre la miseria y el que es miserable, y es, que:
Dios aborrece al pecado pero ama al pecador, ama al hombre miserable y débil.
Este amor con cual Dios ama al hombre se define como Misericordia. La misericordia no es precisamente compasión o perdón, estos son más bien los efectos de la misericordia. En la lengua hebrea significa “rahamin” y se define como “un sentimiento que nace del seno maternal o de las entrañas del corazón de un padre”. Is 49 Que bella forma de definirlo: “un sentimiento maternal”
Dios no es vengativo. El pecado hace a la persona miserable y Dios usa esta oportunidad para revelarle al hombre su infinito amor por Él, su infinita misericordia. Es decir por el pecado, el hombre puede conocer la Misericordia Divina. El vence el mal con el bien.
En las Sagradas Escrituras vemos claramente la manifestación de la Divina Misericordia en el libro del profeta Oseas, Dios mismo nos dice:
¿Cómo voy a dejarte, Efraím, cómo entregarte, Israel? Mi corazón esta en mi trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas. No daré curso al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím, porque soy Dios, no hombre, en medio de ti yo soy el Santo, y no vendré con ira (Os 11, 8-9).
Claramente vemos como Dios, teniendo toda la razón de estar enojado con el hombre, no tiene el corazón duro del hombre, que busca sacar su ira contra su adversario, sino Él es Dios, no hombre y no dejará que la ira se sobreponga a Su amor.
En el libro del profeta Jeremías también el Señor se dirige a Israel y le dice: “Vuelve, Israel apóstata…, no estará airado mi semblante contra vosotros porque piadoso soy, Oráculo de Yahveh, no guardo rencor para siempre. Tan solo reconoce tu culpa, pues contra Yahveh tu Dios te rebelaste” (Jr 3,12-13). Dios nos dice que Él es piadoso con su pueblo. Él es piadoso y perdona los pecados de sus hijos que se arrepienten del mal que hayan hecho.
El Profeta David entendía muy bien el amor misericordioso de Dios y también conocía el hombre y su deseo de venganza. Cuando David cometió una falta contra Dios, Dios se desagradó con él y le mandó al profeta Gad para que le dijera a David sobre Su enojo y el castigo que debía suceder. David pudo escoger entre tres castigos: tres años de hambre, tres meses de derrotas ante sus enemigos, o tres días en cual la peste y la espada de Yahveh andarán por la tierra. David respondió, “estoy en gran angustia. Pero, caiga yo en mano de Yahveh, que es grande su misericordia, y no caiga en manos de los hombres” (1 Cr 21,13).
En los Salmos hay constantes referencias a la Misericordia de Dios, sin embargo, el Profeta Jonás resumió muy bien lo que significa, cuando después de estar irritado porque Dios había perdonado el pueblo de Nínive, porque creyeron en Él y se convirtieron, dijo:
“Ah, Yahveh, ¿No es esto lo que yo decía cuando estaba todavía en mi tierra? Fue por eso por lo que me apresuré a huir a Tarsis. Porque bien sabía yo que tú eres un Dios clemente y misericordioso, tardo a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del mal” (Jon 4, 2).
Todo el libro del profeta Jonás nos prepara para “la revelación evangélica de Dios Amor”, el acto mas grande de Misericordia que Dios ha hecho por el hombre: “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. (Jn1)
El Verbo encarnó para que nosotros conociésemos así el amor de Dios: ‘En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él… él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.’(1 Jn 4, 9-10) Para salvarnos, liberarnos del demonio, del pecado, del mundo y la carne, el Padre envía a su Hijo, para que con sus palabras, sus obras, y su pasión, muerte y resurrección nos redimiera, nos comprara con su Sangre y nos devolviera al Reino de Dios. “En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas…Cristo murió por los impíos…mas la prueba de que Dios nos amó es que Cristo, siendo todavía nosotros pecadores, murió por nosotros” (Rm 5, 5-8). Esa misericordia continúa derramándose a través de los Sacramentos y de la Iglesia: especialmente en la confesión y en la Eucaristía. Vino a deshacer el mal con el bien, a transformar nuestro pecado en gracia, a transformar el sufrimiento en medio de santificación, etc……..Vencer el mal con el bien. “Pasó haciendo el bien”.