Manipulación vs. Libertad de Elección (para ti y para mi)
Escrito por: Efren en Psicología, tags: Influencia, manipulacion
No es raro encontrarse a menudo con personas especializadas en el arte de la manipulación. Amigos, conocidos, jefes, esposas tóxicas que saben, mas o menos intuitivamente, cómo y dónde tocarnos las teclas adecuadas. Lo primero que hay que tener en cuenta es que no necesariamente son actos realizados de forma consciente, bien pudiera pasar que ese tipo de comportamiento les han sido tan rentables a lo largo de sus vidas que lo han automatizado casi de forma natural. En estos caso, no seamos duros con ellos. Son como son, han tenidos las experiencias que han tenido, viven la vida de la mejor forma que saben/creen o pueden vivirla.
Sin embargo, no centremos tanto el problema en esta otra persona. Cuando es algo repetitivo en el tiempo, el acto de manipulación es (siendo honrado con uno mismo) fácilmente detectable, lo cual no quita que de vez en cuando nos la cuelen con la guardia bajada. En un acto de este tipo hay dos personas: el manipulado y el manipulador. Fijémonos en nosotros mismos como manipulado. No esperemos a que la otra persona cambie, porque puede que lo haga o puede que no, sin embargo nosotros sí podemos cambiar adaptando nuestro comportamiento.
Lo primero en lo que podemos caer en la cuenta es en un elemento muy gráfico, un sentimiento que podemos visualizar como un vaso que se llena con cada acto de manipulación, una tensión que hace que llegue un momento en que parezca que vayamos a explotar. Si lo hacemos, nada de remordimientos luego. No puedo inflar un globo hasta el límite y quejarme luego de que haga daño cuando explote. Si hemos explotado, hemos explotado. Las disculpas si han de hacerse, se harán luego, pero nada de autoreproches.
Pero vamos al inicio de esta historia, cuando la luz roja se enciende (débil al principio, pero se enciende) cuando cedemos en algo. Si nos fijamos bien, el tema no esta en ceder, sino en si nos hemos sentido libres a la hora de ceder y acoplarnos a las intenciones de la otra persona. El tema está en cuando nos sentimos comprometidos, ¿por qué? porque esto coarta nuestra libertad, y siempre que esto pasa sin mediar nuestra voluntad por medio derramamos una gota en ese imaginario vaso o llenamos un poco más el globo del que hablábamos ántes.
Conviene desterrar un mito y es equiparar el grado o calidad de la amistad con ceder a las pretensiones del otro. Ni somos más amigos por ceder, ni lo somos menos por negarse. Una relación de amistad sana se centra en el encuentro de dos personas, no de una que corre a la vera de la otra.
Ojo, eso no significa que nunca cedamos a los deseos del otro, significa que cuando queramos hacerlo lo hagamos por nuestra propia voluntad y elección no como resultado de un pressing-catch emocional.
Poganmos un caso práctico. Nuestro amigo nos pide que le llevemos en coche hasta su casa.
Caso 1 – Me queda cerca o me pilla de paso y tengo ganas – Genial !!!
Caso 2 – No me queda cerca pero (yo) decido acercarle – Este “yo” es decisivo. Cedemos en base a nuestra libertad de elección, esto es lo que lo cambia todo aun cuando lo que hagamos sea algo que nos causa mucho esfuerzo y/o sufrimiento.
Caso 3 – No me queda cerca, ni de paso, ni siquiera me viene bien porque tengo que hacer otra cosa – Aunque suponga un mal trago hay que decírselo. De forma clara, concisa, explicándole bien el por qué… y sin cambiarde opinión al rato eh !!!
Para terminar, lo poco o mucho que hayamos aprendido en nuestra vida sobre estas personas y actos tóxicos nos lo debemos aplicar a nosotros mismos. Todos en mayor o menor parte, con mejor o menor efecto, con mejor o menor intención somos y seremos tambien manipuladores. El vivir en sociedad nos hace proclives y parte de muchos procesos de influencia social que no necesariamente han de ser nocivos… pero que podrían llegar a serlo.














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