A veces se encuentra uno declaraciones de amor hasta en los lugares más insospechados. El mensaje, más claro imposible.
La actitud de lucha, de saber que las cosas no siempre van a ir bien, me fascina. Lo que en apariencia es un mensaje pasteloso y ñoño se convierte para mi en toda una declaración de principios. Que tendremos problemas? Eso es un hecho (pasado, presente y futuro), una realidad que los sentimientos podrán amortiguar pero no impedir.
Es esa capacidad de constructor, de artesano del amor lo que convierte ese mensaje en una pequeña (y anónima) obra de arte en la que cualquiera puede verse reflejado. Una pequeña (gran) perla de sabiduría.

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Knee, Patrick y Lonsbary (2003) nos hablan de dos creencias que las personas tienen de forma implícita (generalmente no son conscientes): la creencia en el destino romántico, y su contrapartida en la que la relación se estructura bajo el prisma del crecimiento y la construcción por parte de ambos.
Estas dos visiones son independientes entre sí, se pueden dar por separado o se pueden combinar. El tema importante es que crean dos tipos de orientaciones:
… la orientacion de cultivo, en el que la idea del crecimiento impera sobre la del destino romántico
… la orientación de evaluación, en la que la creencia del destino romántico es más fuerte.
En la primera se tendrá esa actitud de lucha frente a los problemas, que tarde o temprano siempre llegan. En el segundo, la calidad de la relación se mide por el grado de efervescencia obtenido en el último encuentro.
Dos posturas. Dos actitudes. El autor (o autora) de la pintada en la calle lo tenía claro.