Ya sabes como es ese momento

Ya sabes cómo es ese momento.

Estás ahi, preparado, con más o menos ideas sobre lo que más o menos hacer.

Y ahí termina la odisea. Aquí acaba la historia. Ya sabes como son esos momentos, como son esos días que a veces tengo.

Me detengo a retomar fuerzas. Sólo pensarlo me deja extenuado

El pequeño ruiseñor no quería cantar

El pequeño ruiseñor no quería cantar.

En su jaula pasaba los días. Por la mañana el sol naciendo le daba alguna alegría. Por la tarde, acurrucado en su mundo de pequeñas cosas, feliz a su manera.

El pequeño ruiseñor no sabia qué le pasaba, y no siempre se lo preguntaba. Estaba contento en su pequeño microuniverso de pequeñas y sencillas historias.

Algunos días el pequeño ruiseñor sí se preguntaba si algún día volvería a recuperar su capacidad de cantarle a la vida, de ponerle letra a la brisa, redescubrir el ritmo de las estaciones. La sana sensación de simplemente estar y sentirse amado por los rayos del sol al mediodía

El pequeño ruiseñor nunca se obsesionó con volver a cantar. Esperaba que, algún día, todo volvería a recuperar su sentido.

Y así fue que el pequeño ruiseñor nunca màs volvió a cantar, esperando. Sin saber que cantar era lo único que podría recomponer nuevamente su mundo. Y no al revés

Cosas que nunca te dije

Y te encontré de nuevo en mis sueños (toda una costumbre). Parecíamos diferentes. Y es que de alguna manera yo me sentía diferente contigo, como si el tiempo hubiera sido capaz de reescribir o incluso borrar la historia (algo impensable). Caminamos a través de habitaciones conectadas unas con otras, habitadas solamente por viejos archivadores llenos de polvo y mobiliario de oficina en evidente desuso. Avanzábamos lentamente, tu delante, yo siguiéndote. En el suelo, hojas de papel, cajas amontonadas por cualquier lado. Pisé una al caminar que tenia mi nombre. Paraste justo en la siguiente habitación. Pude verte ahora de frente mientras te sentabas en tu mesa, eres mayor, aunque no tanto como me imaginaba al principio. Me quedé de pie. Y se volvió a repetir, Preguntaste lo que no debías, de nuevo tu mismo argumento de siempre y surge al instante esa emoción que creía olvidada. Arde, quema, es fuego caliente, húmedo, oscuro. Me controlan la ira, el orgullo, el dolor.. Y allí, de pie, frente a ti, protagonista de noches en vela y dias velados, exploté. No recuerdo haber tenido un sueño en el que me temblara la voz. No fue fácil expresarme, contigo nunca lo ha sido. Nos miramos a los ojos y te dije todo aquello que nunca fui capaz de decirte. Alguien detrás presenciaba (incómodo) la escena, y por primera vez no me importó. El tiempo de la pena, el de las segundas oportunidades, el tiempo en el que te protegía a mi manera (mi forma de quererte)  había terminado hace mucho. Y un segundo antes de despertar vi en tus ojos cansados algo aterrador: una chispa de vida, un motivo para seguir luchando en una vida carente de emociones y metas. Y supe que el precio por desenterrarte de mi memoria era ese, darte la energía para volver a la vida. Y aqui estoy, despierto y escribiendo. Y tú a mi lado, con esa sonrisa irónica y autosuficiente que sólo me da ganas de gritar.

Extraido de “Cosas que nunca te dije“, un libro que quizás jamás escriba.

Si piensas que puedes hacer algo, tienes razón (X-Men)

Si piensas que puedes hacer algo, lo más probable es que tengas razón.

Un reflexión de Lobezno en X-Men: Preludio al Cisma.
Y si encima eres capaz de verbalizarlo y concretarlo puedes dar por hecho que sí que hay algo que puedes hacer.

¿Le enseñaste a doblar la rodilla, Ned? (Juego de Tronos)

“¿Le enseñaste sabiduría, además de valor, Ned? -se preguntó – ¿Le enseñaste a doblar la rodilla?” Los cementerios de los Siete Reinos estaban llenos de valientes que jamás habían aprendido aquella lección. 

(Catelyn Stark en “Juego de Tronos” de George R.R. Martin)

Pages: Prev 1 2 3 4 5 6 7 8 ...334 335 336 Next
SEO Powered by Platinum SEO from Techblissonline