En el día del que te hablo, la primera espada acababa de morir, y el señor del Mar me hizo llamar. Muchos valientes habían acudido a él, y a todos los rechazo y no sabían por qué. Cuando llegué a su presencia, estaba sentado y tenía en el regazo un gato gordo y amarillo. Me dijo que uno de sus capitanes se lo había traido de una isla más allá del amanecer. “¿Has visto jamás un animal tan hermoso como esta hembra?”, me preguntó.
Y yo a él le dije: “Todas las noches, en los callejones de Braavos, los veo iguales, a cientos, y el señor del Mar se rió, y ese día me nombró primera espada.
- No lo entiendo. dijo Arya haciendo una mueca. Syrio entrechocó los dientes.
- El gato era un gato común, sin más. Los demás esperaban ver una bestia fabulosa, y eso fue lo que vieron. Es una hembra muy grande, dijeron, pero no era más grande que cualquier gato, solo estaba gordo por la inactividad y porque el señor del Mar lo alimentaba de su mesa. Qué orejas tan extrañas, qué pequeñas, dijeron. Otros gatos le habían mordido las orejas en peleas entre cachorros. Y era un macho, evidentemente, pero el señor del Mar decía que era una hembra, y eso vieron los demás ¿Me escuchas?
- Tú viste lo que había allí – contestó Arya después de meditar un instante.
(Extraido de Juego de Tronos vol1. Canción de Hielo y Fuego, de George R.R.Martin)