Mientras veia ayer el partido de la seleccion española (no me gusta nada eso de “La Roja”) contra Portugal aprovechaba para mirar por encima un librito que justamente había comprado por la mañana, “Querido Padre” de Jose María Escudero. 60 Padrenuestros adaptados según las circunstancias que se estén viviendo en ese momento.
Qué casualidad (o causalidad?) que en medio del partido y nada más abrir el libro me encuentro con esta oración ambientada en el mundo del fútbol, para los que se quedan en el banquillo. Sea cual sea el nombre que le demos al banquillo este padrenuestro está pensado para todo aquel que se encuentre o se sienta “fuera de juego”.
PADRE NUESTRO RESERVA
Padre nuestro que, otra vez más y ya van demasiadas temporadas, no estás entre el grupo de titulares. De hecho, tu nombre hace tiempo que ya no es vitoreado, ni aplaudido, ni incluso silbado. Y, mucho menos, requerido en la sala de prensa.
Venga a nosotros tu reino, el reino de los tercos, si, habéis oido bien, el reino de los tenaces. Tal vez no tenga tanto glamour como el talento, pero os aseguro que en el noventa por ciento de los casos, sera lo que nos haga saltar al gran estadio de la vida y conseguir los objetivos
propuestos.
Hagase tu voluntad en el campo de la vida, cuando todas las camaras se centren en nosotros, cuando todo el mundo esté pendiente de nuestro juego. Y también hagase tu voluntad en el desolado banquillo, cuando nos toque el ultimo dorsal, el que nadie quiere, el que con todas las probabilidades no necesite pasar por la lavadora.
Danos hoy, o mas bien, lanzanos el balon de la paciencia, del servicio, del trabajo, aunque nuestra recompensa no sea otra que festejar los triunfos y sufrir las derrotas desde las gradas. Perdona nuestros enfados, nuestras salidas de tono, nuestras calenturas… ;Y es que es tan dificil saborear las mieles del triunfo desde el anonimato!
Como también nosotros perdonamos a los que nos mandan a los banquillos sin mas explicaciones que son cosas del juego, los resultados mandan 0 nuestra posición está ya ocupada. No nos dejes caer en la desesperanza, en el desánimo, en el “ya no aguanto más”. Infundenos tu fe y tu fuerza para estar preparados y poder saltar al terreno de juego con sobradas garantias de hacerlo bien.
Y Iibranos de olvidamos, cuando salgamos al campo de Ia vida, de tantos hermanos nuestros que siguen Ilenando los banquillos del mundo, en espera de una oportunidad que no llega…
Amén. Cuando penséis que ya habéis explotado todas vuestras posibilidades, recordad una cosa: “No lo habéis hecho”
