A veces se encuentro uno con situaciones un poco surrealistas. Les cuento…
Hace unos días me paso por el banco. Imaginen mi gran felicidad cuando veo que está vacío (por lo general suele estar medio lleno o lleno). Genial, llevo un montón de prisa, no tardaré nada… Algo raro pasa, la cajera levantado mira a un operario que en el suelo está trasteando entre cables. Sin embargo, me mira y no me dice absolutamente nada. Deduzco (incauto de mi) que será cuestión de minutos…
Ratas. Un tema de ratas. El técnico es desratizador y ahí lo veo afanado en su labor. Alguna vez que otra la cajera me mira y descubro que tengo un nuevo poder mutante que desconocía: la invisibilidad. Me empiezo a mosquear un poco… Soy el único cliente en la sucursal.
Ahora viene, sin duda, la mejor parte. No se la pierdan. Pasan como 15 minutos. Se pasan rápido pues me he sentado y he aprovechado para tuitear un rato (es que acabo de oír que la rata se ha zampado un billete de 500 y me ha dado la risa tonta y claro, lo he tenido que tuitear) y ni me he dado cuenta. La paciencia se acaba, tengo cosas que hacer y decido levantarme para ir a otra sucursal. En esto entra un señor mayor, se me acerca y me pregunta amablemente si soy el último. Le digo que si (él ya empieza a mirar raro cuando se da cuenta de que no me atienden y la cajera no está haciendo nada) y le explico por encima lo de las ratas.
“Pues si hay ratas que les den una patada a un lado y sigan haciendo su trabajo, que tengo prisa” dice en voz alta. “¿Qué pasa, aquí no se atiende o qué?” continuó dirigiéndose directamente a la cajera. El señor mayor no posee mi poder de invisibilidad porque a él si le dice “un minuto, por favor” (cosas que pasan). Pensé que todo iba a quedar ahí, Me equivocaba,“Pero cómo que un minutito, ¿pero aquí no hay nadie más trabajando o qué? ¿qué pasa?”…
Les resumiré el “diálogo” diciendoles que al amable señor mayor se le abrió la puerta del infierno en ese momento. Para fastidiarla más la cajera le insinúa de mala gana que si quiere realizar un ingreso lo haga por el cajero automático. Pero no, el amable señor mayor (en un ejercicio legítimo de su libertad) no quiere usar el cajero automático. Quiere que alguien le atienda, que le atienda ya. Sobre todo cuando la que le debería prestar ese servicio no está haciendo nada.
No les cuento más pero lo que se dijo allí supera sin duda la tasa de palabras malsonantes por segundo que he escuchado en mucho tiempo. Se hacen una idea, no?
Pero no es esto lo que realmente les quería contar. Esto en realidad sólo es el prólogo . Lo que me llamó increíblemente la atención fue la actitud, la respuesta del jefe y trabajadores de la sucursal.
Nada de nada. Pero nada. Nada, eh. Tras un escueto “señor, respete” de la cajera, el resto no dijo ni una sola palabra. Bueno, decir no… pero mirar si. Miradas asesinas, clamando al cielo, de esas que mejor no recibir. De esas, las que quieran y más. Nada de disculpas, de explicaciones (el señor sabia de las ratas únicamente por mi, y a mi no me lo había dicho nadie sino que lo había visto yo).
¿Era tan difícil…
- .. explicarle al hombre (y de paso a mi) lo que pasaba con el problema de las ratas…?
- … que otro compañero, o la cajera desde otro terminal, pudiese gestionar nuestros temas… ?
- … que alguien acompañara al cajero automático al señor para hacerle el ingreso desde allí?
Son cosas que me cuesta entender en una sucursal donde se atiendn a mucha gente diariamente. No son precisamente recién llegados al trabajo. Conclusión: una crisis gestionada pero maaaaa, fataaaal !!! Menos mal que estaba vacío, o peor ¿cuánto tiempo llevaba vacío? ¿quizás no éramos nosotros en sufrir la historia de las ratas? Quien sabe.
En definitiva, un interesante lección aprendida. Las cosas hay que explicarlas, en lo profesional y en lo personal, porque una explicación a tiempo soluciona muchos problemas. Y si hay que pedir disculpas cuando algo no ha salido como un esperaba, pues se piden. No es tan complicado y es una cura de humildad que a todos nos sienta muy bien de vez en cuando.
Dos nociones tan simples y tan efectivas que nunca deben faltar en nuestro “how to”, en nuestro modo de hacer las cosas.
P.D. Un segundo más tarde estaba siendo atendido por la cajera. Un minuto después ya estaba en la calle … ¿Compensa quejarse siempre de esa forma? Para mi, no. Pero ese es tema para otro post.