Volando de noche

Ver anochecer en un avión es algo curioso. Mientras en uno de los lados la luz comienza a desaparecer, en el otro ya esta todo oscuro.

Una dualidad que simboliza algo que experimentamos en nuestra vida diaria: todo cambia según la ventana por la que miremos.

Usos alternativos de un perchero

Sirve para colgar lo que queramos en él. Pero, sin duda, con mucho más estilo. Con un poco de creatividad uno de los elementos mas ordinarios ,presentes en toda casa, se convierte en una pequeña obra de arte.

Visto en Tasca Guaydil (La Laguna. Tenerife)

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No puedo explicarte lo que veo

Quisiera explicarte lo que veo, pero no puedo. Poder sentarme contigo y que mis palabras sirvieran para describir y explicar sentimientos y razones, opciones y vivencias. Toda una vida. Pero no puedo.

Sólo puedo desear, esperar que des cada paso con tus propios pies. Una vez dado, ya no hay nada que deba ser explicado.

Verás, no sé si lo mismo que yo. Pero sí sé que estaremos más juntos. Y justamente eso, compartir ese momento, es lo que puede cambiarlo todo.

 

Aviso para Navegantes (1)

Bienvenidos a nuestro barco virtual, a punto de zarpar por un mar de información. Disfruten del paisaje… y de los enlaces a nuevos mundos que, quien sabe, puedan encontrar…

Espero que les haya gustado este primer viaje. Da para unos buenos ratos de entretenimiento y formación !!!

La explicación que soluciona problemas (en la cola del banco…)

A veces se encuentro uno con situaciones un poco surrealistas. Les cuento…

Hace unos días me paso por el banco. Imaginen mi gran felicidad cuando veo que está vacío (por lo general suele estar medio lleno o lleno). Genial, llevo un montón de prisa, no tardaré nada… Algo raro pasa, la cajera levantado mira a un operario que en el suelo está trasteando entre cables. Sin embargo, me mira y no me dice absolutamente nada. Deduzco (incauto de mi) que será cuestión de minutos…

Ratas. Un tema de ratas. El técnico es desratizador y ahí lo veo afanado en su labor. Alguna vez que otra la cajera me mira y descubro que tengo un nuevo poder mutante que desconocía: la invisibilidad. Me empiezo a mosquear un poco… Soy el único cliente en la sucursal.

Ahora viene, sin duda, la mejor parte. No se la pierdan. Pasan como 15 minutos. Se pasan rápido pues me he sentado y he aprovechado para tuitear un rato (es que acabo de oír que la rata se ha zampado un billete de 500 y me ha dado la risa tonta y claro, lo he tenido que tuitear) y ni me he dado cuenta. La paciencia se acaba, tengo cosas que hacer y decido levantarme para ir a otra sucursal. En esto entra un señor mayor, se me acerca y me pregunta amablemente si soy el último. Le digo que si (él ya empieza a mirar raro cuando se da cuenta de que no me atienden y la cajera no está haciendo nada) y le explico por encima lo de las ratas.

“Pues si hay ratas que les den una patada a un lado y sigan haciendo su trabajo, que tengo prisa” dice en voz alta. “¿Qué pasa, aquí no se atiende o qué?” continuó dirigiéndose directamente a la cajera. El señor mayor no posee mi poder de invisibilidad porque a él si le dice “un minuto, por favor” (cosas que pasan). Pensé que todo iba a quedar ahí, Me equivocaba,“Pero cómo que un minutito, ¿pero aquí no hay nadie más trabajando o qué? ¿qué pasa?”

Les resumiré el “diálogo” diciendoles que al amable señor mayor se le abrió la puerta del infierno en ese momento. Para fastidiarla más la cajera le insinúa de mala gana que si quiere realizar un ingreso lo haga por el cajero automático. Pero no, el amable señor mayor (en un ejercicio legítimo de su libertad) no quiere usar el cajero automático. Quiere que alguien le atienda, que le atienda ya. Sobre todo cuando la que le debería prestar ese servicio no está haciendo nada.

No les cuento más pero lo que se dijo allí supera sin duda la tasa de palabras malsonantes por segundo que he escuchado en mucho tiempo. Se hacen una idea, no?

Pero no es esto lo que realmente les quería contar. Esto en realidad sólo es el prólogo . Lo que me llamó increíblemente la atención fue la actitud, la respuesta del jefe y trabajadores de la sucursal.

Nada de nada. Pero nada. Nada, eh. Tras un escueto “señor, respete” de la cajera, el resto no dijo ni una sola palabra. Bueno, decir no… pero mirar si. Miradas asesinas, clamando al cielo, de esas que mejor no recibir. De esas, las que quieran y más. Nada de disculpas, de explicaciones (el señor sabia de las ratas únicamente por mi, y a mi no me lo había dicho nadie sino que lo había visto yo).

¿Era tan difícil…

  • .. explicarle al hombre (y de paso a mi) lo que pasaba con el problema de las ratas…?
  • … que otro compañero, o la cajera desde otro terminal, pudiese gestionar nuestros temas… ?
  • … que alguien acompañara al cajero automático  al señor para hacerle el ingreso desde allí?

Son cosas que me cuesta entender en una sucursal donde se atiendn a mucha gente diariamente. No son precisamente recién llegados al trabajo. Conclusión: una crisis gestionada pero maaaaa, fataaaal !!! Menos mal que estaba vacío, o peor ¿cuánto tiempo llevaba vacío? ¿quizás no éramos nosotros en sufrir la historia de las ratas? Quien sabe.

En definitiva, un interesante lección aprendida. Las cosas hay que explicarlas, en lo profesional y en lo personal, porque una explicación a tiempo soluciona muchos problemas. Y si hay que pedir disculpas cuando algo no ha salido como un esperaba, pues se piden. No es tan complicado y es una cura de humildad que a todos nos sienta muy bien de vez en cuando.

Dos nociones tan simples y tan efectivas que nunca deben faltar en nuestro “how to”, en nuestro modo de hacer las cosas.

P.D. Un segundo más tarde estaba siendo atendido por la cajera. Un minuto después ya estaba en la calle … ¿Compensa quejarse siempre de esa forma? Para mi, no. Pero ese es tema para otro post.

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